PUBLICADO EN VALENCIA PLAZA EL 17 DE DICIEMBRE DEL 2016

VALENCIA. El incremento de la asistencia, la creciente demanda de servicios médicos hace que, aunque proporcionalmente sea escaso el número de veces que los médicos sean condenados en procesos legales, el número va en aumento. Y eso es alarmante. Y es que el hecho de que la mayoría de demandas que se presentan a nuestros profesionales se produzcan por supuesta ineficacia o defecto de asistencia, tiene mucha relación con el número de casos atendidos y con el proceso de masificación.

Cierta falta de concienciación de cuestiones básicas y legisladas hace que muchos médicos no elaboren la cumplimentacion de una correcta historia clínica, con los contenidos mínimos que establece la ley, así como informar al paciente de todos los riesgos de la intervención a la que se va a someter, explicándoles los pros y contras de la misma, alternativas a la intervención, para luego plasmarlo en los documentos de consentimiento informado.

Es duro decirlo, pero los avances científicos y las nuevas tecnologías aumentan los riesgos. Por contradictorio que parezca, vivimos felizmente una etapa donde existen mayores posibilidades de curación y diagnóstico, pero también una etapa de encuentro con riesgos antes desconocidos. Es el precio del progreso que pagan de esta forma, el profesional de la medicina y, por supuesto, el enfermo que se ha puesto en sus manos. La ciencia médica, a pesar de todos esos avances y de todos los esfuerzos de investigación, no es una ciencia exacta.

En esa misma sociedad, pueden proliferar los elementos nocivos que, en abuso de sus derechos, encuentran en la vida de la reclamación una forma de obtener un dinero fácil, sólo con el hecho de acreditar un fallo hospitalario, un error de diagnóstico, o sencillamente, todo lo que entiendan como falta de atención. Es evidente, porque los médicos también son personas humanas, que esos errores, fallos y negligencias, se producen. La profesión médica, como cualquier otra, no es perfecta. Y ni siquiera la evidencia de que trata vidas humanas y aspectos tan básicos como la salud de las personas consiguen conjurar esa dimensión de riesgo.

Estas circunstancias aumentan de forma proporcional al incremento de actos médicos, a la universalización de la asistencia y la aparición de nuevas enfermedades. Ese es el ambiente en que el médico valenciano desarrolla su actividad profesional. En lo personal, orgulloso de poder prestar el más hermoso servicio que se puede ofrecer al ser humano: curar sus enfermedades. En lo social, apreciado, pero sometido a una exigencia de eficacia que él mismo reclama y comparte, pero muy superior a la que se exige a cualquier otro profesional. En lo ético, obligado por un código deontológico voluntariamente aceptado y cumplido. En lo jurídico, escasamente protegido. Y en lo económico, que es la desembocadura a la que llevan, como he dicho, muchas de las reclamaciones, sencillamente desprotegido.

Por eso, a principios del 2016, un grupo de profesionales decidimos crear la Asociación de Derecho Sanitario de la Comunidad Valenciana (ADSCV) cuyo objetivo fundamental es la defensa de los derechos de todos los médicos y demás profesionales sanitarios.

En la Comunidad Valenciana contamos con magníficos médicos, de insuperable formación, que de forma diaria, con esfuerzo y dedicación, realizan una labor encomiable en favor del enfermo, a veces, sin contar con todos los medios técnicos y humanos que serían deseables para llevar a cabo su actividad profesional. Por ello, la Asociación que presido, pretende ser punto de encuentro de todo el colectivo médico, así como del resto de profesionales sanitarios de nuestra Comunidad, para, entre todos, superar aquellas cuestiones conflictivas que impidan realizar el ejercicio profesional de la mejor manera posible en beneficio de los pacientes.

Queremos, desde la asociación, y conseguir que los médicos sean respetados, como merecen, en nuestra sociedad. No podemos permitir el lamentable aumento de las agresiones y/o amenazas. Como Presidente de la ADSCV me comprometo a ello. Existe, felizmente, una sociedad más convencida de sus derechos.

Es una sociedad informada, con conciencia de usuario, que sabe exigir calidad y eficacia. Por lo mismo, debe y sabe reclamar también cuando se siente perjudicada por la calidad de los servicios que se le ofrecen. Todos debemos defender a nuestros médicos y profesionales.